viernes, 11 de junio de 2010

ROJITAS LAS OREJAS

ROJITAS LAS OREJAS
(27-11-06) Diego Asensio Sánchez
Hoy una rosa ha nacido de entre las cenizas, está asustada y nerviosa, es su primer día en la escuela de la vida de la calle y no sabe de que va la lección, no sabe cual será su finalidad, quizás crecer salvaje y formar una familia dibujada en un hermoso rosal, quizás formar parte de un ramo que alguien regalará a alguna persona demostrándole así su amor o quizás le tocará yacer en el frío gélido de alguna lápida creando una manta que de algo de calor al frío de la soledad y de la muerte.
La verdad es que desde que era tan sólo una semilla metida en una bolsita, se hacía muchas preguntas y no se conformaba, siempre quería ver más, investigar, saber el por qué de todo. En la guardería, ella era una de las chicas más activas y una de las más espabiladas ya que entendía todo a la primera.
Su mamá, como sabía que ella era especial, le contaba historias que despertaban su interés e iluminaban su fantasía, pero ahora ya era tarde para esas historias de niños y ella ya era toda una señorita, aunque estaba llena de dudas, nunca le prestó atención a lo que le decían si no le explicaban por qué eran las cosas así y su mamá ya no tenía respuestas para las preguntas que le hacía su querida hijita, así que decidió mandarla a la escuela ya que ella no podía enseñarle nada más. La rosa estaba muy ilusionada de salir de casa y de ir a la escuela porque allí conocería a mucha gente, que como ella tuviese ganas de conocer mundo y con la que compartiría multitud de aventuras. Su mamá estaba un poco preocupada pues su hija no era una rosa cualquiera y si no la trataban con cuidado se podría romper pues no había sido educada para la vida real ya que eso era un mundo muy oscuro y podría asustarse y no querer salir nunca más. Cuando acabó la escuela, ese mismo día, el primero y más importante de su vida, la rosa iba caminando muy contenta y cantaba o mejor dicho tarareaba trozos de bellas canciones de otro tiempo. Al llegar a casa, la rosa fue corriendo hacia su mamá y le contó todo lo que había hecho durante el día y lo bien que se lo había pasado, la gente que había conocido y todo eso, así que mamá rosa dibujó una sonrisa en su rostro y nunca más tuvo miedo de que su hijita fuese a la escuela sola.
Los días pasaban y la rutina se iba apoderando de su vida. Se levantaba temprano, se aseaba y marchaba tarareando alguna cantinela. Parecía que su vida se estaba convirtiendo en una monotonía y eso no le gustaba, odiaba que no pasase algo nuevo cada día, le aburría que todo pareciese estar programado: Primero, la escuela, a continuación, a hacer los deberes del día siguiente, ayudar en casa a mamá, etc.
Un día, un hermoso clavel blanco le preguntó si quería salir con él, pues ella era una de las flores más hermosas de la escuela y al ir creciendo, también crecía su belleza. Ella no supo que decir y el rojo de su rostro aumentó enormemente hasta ser de un rojo sangre. La rosa, toda colorada se marchó corriendo a casa a pedirle consejo a su mamá, pues no estaba preparada para una relación. No sabía mucho de cómo eran los chicos y si le podrían hacer daño. Mamá rosa le contó que a toda rosa le llegaba un momento en el que un hermoso clavel blanco le pedía salir y que eso no era malo, sino un signo de su madurez como flor y de que era el momento de enfrentarse a ese destino que tanto temía al principio. Al menos, ahora sabía que no formaría parte de ningún ramo, ni tampoco cubriría ninguna lápida.
Al día siguiente, se levantó temprano como de costumbre y se dirigió a la escuela, pero esta vez algo había cambiado, la monotonía se había roto, ahora sabía que había alguien que pensaba en ella y eso le gustaba y le hacía muy feliz. Por el camino, iba pensando que le diría a ese clavel blanco que le pidió salir, estaba muy nerviosa, tanto o más que el primer día de escuela. No sabía si aquel hermoso clavel se volvería a fijar en ella y si los demás chicos se reirían de ella por su timidez y se volvería a sonrojar y saldría otra vez corriendo. La rosa llegó a la clase y se sentó como de costumbre. Estaba sola y aunque conocía a mucha gente, casi nadie se quería sentar con ella, pero esto también cambio. El hermoso clavel, se dirigió hacia ella y le dijo: “Hola, ¿te importa que me siente hoy contigo?”. La rosa no sabía como reaccionar, ni que decir, no le salían las palabras de lo nerviosa que estaba por la emoción, pero como pudo se dirigió hacia el clavel, su querido clavel y le dijo: “No, para nada, por favor siéntate”. Desde ese día, nadie se reía de ella y de sus fantasías y todo el mundo le ofrecía regalos y se ofrecía a ayudarla puesto que el clavel que la había elegido, era uno de los mejores chicos de toda la clase, el hermoso clavel blanco, acompañó a la bella rosa a su casa y espero un rato en la puerta, quería besarla, pero no quería estropear aquel momento mágico y se marchó. La rosa entró en su casa y se dirigió a su habitación, estaba tan contenta que no pudo resistirlo y fue a contárselo a su mamá. Ésta, al ver lo contenta que estaba su hijita, se alegró tanto que uno de sus pétalos empezó a desprenderse hasta que al final cayó al suelo como un peso muerto. La joven rosa se asustó tanto que fue a llamar de inmediato a su amado clavel para que estuviese con ella en aquellos momentos tan tristes por los que iba a empezar pasar. Ella no entendía lo que le estaba pasando a su mamá, no sabía por qué si era tan feliz al ver que su hija ya era adulta y que iba a formar una familia, lloraba y se iba rompiendo poco a poco hasta que la tierra se cubrió de pétalos. Ella pensaba que su mamá viviría para siempre y que estaría allí con ella, pero no sabía que su mamá no se había ido por completo, ya que ella la recordaba y hasta que no la olvidase, no moriría. La rosa no entendía muy bien lo que esto significaba y algunas lágrimas resbalaban por su rostro, pero al ver que estaba con su querido clavel, decidió que eso era lo que su mamá había querido que sucediese.
La joven rosa nunca volvió a ser la misma, aunque ella intentaba evitar que la gente no se diese cuenta de lo que le pasaba y se mostraba feliz y sonriente al exterior e incluso a su querido clavel, se mostraba distante como si estuviese construyendo un escudo impenetrable forjado de espinas y con el que aislarse del mundo real y sumergirse en su añorado mundo de fantasías aunque ya no se sentía llena con ellas y no sabía que hacer.
El clavel, al sentirse rechazado por la rosa se hirió de muerte, clavándose las espinas y arrancándose los pétalos con su llanto y yació para siempre en un trocito de tierra cercano al de la querida mamá de la rosa de su corazón.
A veces, la joven rosa se ponía a recordar los momentos que había pasado con su querida mamá y con aquel clavel que fue la única persona que le hizo sentirse llena y útil en su vida y lloraba y con su llanto, sus pétalos fueron cubriendo el lugar donde yacían su mamá y el joven clavel blanco hasta que se fusionó con ellos por completo, y de esa unión surgió el clavel más hermoso que nadie puede imaginar.
El nuevo clavel, fue creciendo hasta ser grande y hermoso, pero en él no había ningún deseo de recorrer mundo, quería asentarse y ver el tiempo pasar desde su trocito de tierra en el que había decidido echar raíces.
El clavel se alzaba solitario y a veces se preguntaba si algún día encontraría a alguien que le hiciese sentirse completo, puesto que se sentía solo y eso le daba miedo. No quería ser un alma errante que no tuviese un sitio fijo y por eso decidió que no saldría en busca de aventuras como sus predecesores, pero tampoco quería estar solo para el resto de su vida. Los días pasaban y con ellos el tiempo. Caminaba con las manos en los bolsillos como si de ellos fuera a sacar algunos polvos mágicos que hicieran que su vida cambiase y con la cabeza en mil y una historias que había creado el mismo como a sus amigos con los que hablaba y debatía de cosas sin importancia pero que por un momento, le entretenían y le hacían sentirse como si no estuviese solo, pero esos sentimientos se marchaban como estrellas fugaces que recorren el cielo desapareciendo sin dejar rastro y de nuevo volvía a la realidad, a su trocito de tierra, que era lo único de lo que estaba seguro que poseía.
Un día de noviembre, el joven clavel iba caminando como hacía bastante a menudo y su vida cambió en aquel día. Lo que tenía que haber sido un día más sin mayor importancia de la de suceder al día anterior, ya muerto, olvidado, y la de ser sucedido por el día siguiente y así sucesivamente, se convirtió en un día que nunca olvidaría en su vida. Aquel día, el joven clavel de color blanco aunque con unas pintitas negras, restos del pasado, descubrió lo que era el amor. Ante sus ojos se levantaba la que sin duda era la rosa más hermosa que sus monótonos ojos habían visto nunca. Por su tallo empezó a sentir como subía una bola de fuego que le quemaba y que le cortaba el aire que necesitaba respirar para seguir con vida.
Aquella rosa, le acarició el rostro con sus suaves manos y el joven clavel se tornó de un color rosado, casi rojizo por unos momentos. La hermosa rosa le hablaba y él, él no prestaba mucha atención a las palabras porque tan sólo oía la más bella de las melodías y sus palabras eran música para los oídos de aquel clavel y eso era lo que más le confortaba. Además sus ojos estaban cegados por una fuerza mayor a la suya propia, su corazón ya no le pertenecía a él sino a aquella rosa.
El hermoso clavel estaba acostumbrado a pasear solitario y sin un rumbo fijo, sin muchas preocupaciones y pensando que siempre conocería a alguien que le hiciese olvidar a otras personas, aunque sin sentirse atado a nadie, pero esta vez no se podía olvidar, aunque como de costumbre salió corriendo y diciendo alguna tontería sin querer sólo porque el miedo se había apoderado de él y no entendía como aquella hermosa rosa podría querer estar con él. Desde entonces, el clavel vivió intentando olvidarla, pero sus esfuerzos eran en vano, puesto que la llama había ardido en él y su agonía sólo se podía curar con una medicina, la compañía de aquella radiante rosa cuya sencillez le otorgaba mayor gracia.
De aquella rosa, no se supo nada, el clavel pensaba que había sido un sueño, pero él estaba seguro que no lo había soñado, que aquel encuentro había sido real, porque él mismo la había perdido y si esto no fuera real, ¿por qué habría de soñar algo tan maravilloso?
El clavel se construyó una gran prisión de la que nunca salió y en un pozo fue ahogando su dolor con cada lágrima que derramaba y por cada una de ellas, una espina crecía en su tallo hasta que la vida también le abandonó.

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